domingo, 2 de septiembre de 2007

primera entrega

Vivimos en un país particular, un país que supo tomar lo peor del 1º mundo y eliminar lo mejor del 3º.

Nuestra historia estuvo -y está- marcada a fuego y dirigida por intereses económicos de clase; las decisiones siempre fueron manejadas por los conservadores, y los pocos “avances” en la democracia burguesa tuvieron por causa las preocupaciones de legitimación de algunos idealistas de derecha, o las precauciones de cierta facción de la derecha argentina, más dinámica que la clásica conservadora.

Y aquí hago un aparte; introduzco, en mi visión de la historia argentina, la existencia de facciones dentro de los defensores del status quo.

Ahora bien, podemos reconocer en la historia argentina dos tipos de conservadurismo definidos de acuerdo a intereses económicos, que, al final del día, plantean acciones que tienen las mismas consecuencias: por un lado, encontramos a la derecha conservadora “clásica” referente a los caudillos del agro y al primer “liberalismo” argentino, y por el otro, a la “nueva” derecha argentina, referida a la defensa de intereses de multinacionales, identificada con Martínez de Hoz, Menem y el Neoliberalismo.

Poco a poco, veremos como los métodos de explotación _aun vigentes_ fueron cambiando de acuerdo a las variaciones en las relaciones entre los burgueses y el proletariado, fundamentalmente generados por las decisiones de los conservadores, quienes supieron entender a la perfección la famosa frase de Bismarck (“Hay que mantenerlos contentos a los pobres porque si no se hacen socialistas”), y que adoptaron tempranamente, además, la utilización reiterada por turno, de “dos formas fundamentales de dominación burguesa: la república parlamentaria y el bonapartismo militar”.

En el inicio de esta entrega mencionaba que se eliminó lo mejor del 3º mundo, más tarde me refería a los avances en la democracia burguesa definidos por las eventuales necesidades de los conservadores, entre estos avances, podemos distinguir ciertos períodos de nuestra historia en los que el grueso popular pudo alcanzar un digno nivel educativo que derivó, más tarde, en lo que se suele llamar conciencia para si.

Esto significó la gesta de intelectuales y dirigentes reconocidos en todo el mundo _exceptuando tal vez en su país de origen_ y la movilización, a veces controlada y otras auto-organizada, de las grandes masas proletarias.

Esa voz popular, el gigante dormido, la supuesta esencia de la democracia y de las decisiones representativas, fue lo que “logró” que la derecha argentina se diera cuenta del error cometido; nunca debieron intentar legitimarse porque su gobierno no fue, es o será legítimo.

Pero intentaron retractarse; y así empezó uno de los períodos más sangrientos de la historia argentina, donde los conservadores supieron eliminar lo mejor del tercer mundo.

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